Muchos se preguntan si sus trabajos se mantendrán en una década o serán desplazados por la inteligencia artificial y la robótica. Otros pensarán si lo que están estudiando hoy en las universidades no quedará en la obsolescencia al poco de graduarse. Es el precio del progreso. Allá por los años 80, entrar a una notaría implicaba ingresar a un concierto de máquinas de escribir, pues cuando se pedía ‘copia de la escritura’ se hacía una transcripción mecanográfica del protocolo. Todas esas personas fueron desplazadas, de un plumazo, por la fotocopiadora, tal como esos mecanógrafos y el papel carbón habían relegado a los antiguos escribanos, que hacían lo mismo, pero a punta de pluma y copia por copia. Y los fotocopiadores, a su vez, fueron, en mucho, apartados por los archivos PDF. ¿Por qué no puede pasar lo mismo con la IA y la automatización, con los obreros, abogados, médicos, arquitectos, empleadas domésticas y un larguísimo etcétera?
